viernes, 20 de junio de 2014

miércoles, 18 de junio de 2014

El muchacho que pensaba al revés.

_Adrián Silva

Este muchacho creía y practicaba la justicia. Aborrecía la segregación, la discriminación, la exclusión y el racismo. Estaba en contra del maltrato humano y animal, pues respetaba toda forma de vida. Le entristecía la indiferencia y la apatía ante los problemas políticos, económicos y sociales. Pensaba en los otros y sabía que su voz y sus actos repercutían directa  indirectamente en los demás, por ello cuidada su discurso y su conducta en aras del bien común. Amaba la solidaridad y el compañerismo. Detestaba la deslealtad y la traición en todos los sentidos. Valoraba lo que tenía aunque fuese lo más elemental y sencillo. Era consciente de que existía una ideología dominante que menguaba el espíritu colectivo de las personas. No se enajenaba con discursos, íconos, artificios y cuestiones estériles. Respetaba la opinión de los demás, mientras esta fuese debidamente fundamentada. Amaba a su familia y a sus amigos incondicionalmente. No juzgaba por la apariencia, sino por la riqueza o pobreza de espíritu. Aborrecía la vanagloria y los falsos aplausos. Disfrutaba al máximo de las muestras de afecto que recibía de familia, amigos y pareja. Creía y ejercía la libertad, pues dejaba ser-siendo, sin embargo, realizaba críticas constructivas cuando notaba que algo dañaba a los otros. Disfrutaba la música cargada de humanidad, el baile, el goce y la interacción jubilosa con los otros. Creía en el amor libre e incondicional y no en la lucha de poder. Pugnaba por la transformación esperanzadora, por el diálogo real y contundente. Miraba el cielo para acabar con su arrogancia y megalomanía. Se amaba a sí mismo para poder amar a los demás. Reía y sonreía casi todo el tiempo. Evitaba la quejumbre y el pesimismo. Se reinventaba-reinventando, construía-construyendo, se curaba-curando, revolucionaba-revolucionando. Era humilde y piadoso, benevolente y misericordioso. No esperaba órdenes para hacer lo que tenía que hacer, le nacía, pues sabía que sólo así funcionaban mejor las cosas. Consideraba que el trabajo no sólo es una fuente de ingresos, sino que su trabajo era parte de una cadena de engranes para que funcionara todo. Su idea del éxito no radicaba en la acumulación de cosas, sino en la acumulación de sabiduría. Sabía que la ley no era necesaria si todos supiesen respetarse y practicar la otredad. Sabía que el Estado no era necesario si todos fueran organizados y solidarios. Sabía que la existencia de la policía y el ejército eran un absurdo, pues nadie debía vigilar a los de buen corazón. Sabía que las cárceles y toda forma de privación de la libertad era producto de una fuerte enfermedad del alma. Era consciente y sabía que la educación, no sólo académica, sino moral era medular. Defendía una educación para todos, pero para ganar humanidad no aplausos para humillar a los demás con absurda presunción. Respetaba las diferencias culturales mientras no existiesen injusticias. Creía que las fronteras y la idea de país no tenía sentido y abogaba por una ciudadanía universal. Se sentía parte de la humanidad y respetaba su planeta, pues era su casa, su todo, su génesis, su destino, ya que sabía que cuando muriera se reintegraría a la tierra.  Este muchacho vivía al revés en un mundo donde todo marchaba como si no pasara nada…

Rumbo a Ítaca

_Juan Manuel Matos

Un viaje después de oír el canto de las sirenas. Un viaje después del país de los lotófagos. ¿Habrá alguien destejiendo el tapiz para mí?
   Partiendo de la octava isla llegue a la misteriosa Menfis, vi las murallas de Tiro, me perdí en los mercados de seda de Samarcanda. Crucé el desierto y fui vendido como esclavo. Maté, robé y me consagré a dioses antiguos y terribles.
   Cerqué junto a los cien reyes los muros de la Troade, esperando liberar a hija de Leda. Marché con los mirmidones cargando el tesoro de Príamo y nos olvidamos del hogar. Lo perdí todo en la tormenta y llegué a la isla de la hechicera. Cegué al cíclope. Quemé mis barcos he hice el camino a pie.
   Amé, pero nunca supe si fui amado. Lloré en la soledad de la tierra de hombres barbaros. Conocí a buenos, santos y honrados hombres. Fui soldado, maestro, carpintero. Fui amo y señor de las lejanas tierras de los Suevos. Hice el camino acompañado y en solitario. La fabulosa Bizancio me recibió, al igual que la perdida villa de Lundugum.

   Aprendí lenguas extrañas... supe expresar el amor en veinte lenguas y en la corte de emperadores crueles fui su bufón. Compre exquisitos perfumes. Me detuve en el camino a ver a los hijos de mis amigos pasar y no me reconocieron. Marcho hacia Ítaca pero no sé si alguien desteje el tapiz esperándome o tan siquiera si aún existe en medio del mar.


LOS BUZOS DIAMANTISTAS

La vida es dinámica y cambiante, pues una de las grandes constantes de la misma es la impermanencia. Es así que este fanzine ha pasado a una nueva etapa de expresión, ya que ha abierto sus puertas a la infinitud de las intenciones y funciones comunicativas, es decir, ya no se trata únicamente de un fanzine literario. De ahora en adelante este proyecto se ha flexibilizado para permitir a todo apasionado de las letras, el conocimiento, la cinematografía, la música, el deporte, etc., manifestar sus inquietudes, posturas, apreciaciones, críticas, sugerencias y experiencias acerca de aquello que considere deba ser leído y difundido. Este espacio es libre y popular, será un lienzo para poner de manifiesto las ideas, reflexiones y pensamientos de aquellos que “sin voz, sin letra” nunca han podido escribir, ya que el elitismo recalcitrante que reina entre los círculos de creación literaria les coloca un dique argumentando “falta de talento”, no buscamos “talento”, buscamos crear vida, transmitirla, pues es la pasión lo que le da sentido a nuestras vidas, por ello seguimos aquí y ese “seguir aquí” debe quedar en la memoria escrita, debe ser documentado para trascender las barreras del olvido. Los Buzos Diamantistas no buscamos fama ni falsos aplausos, buscamos crear un vínculo con nuestros lectores, un vínculo de vida, de humanización, de expresión libertaria y transformadora. Bienvenidos queridos lectores, bienvenidos a la profundidad del ser humano, ahí, en donde a pesar de la oscuridad del abismo siempre se descubre un diamante, el diamante de la palabra, el diamante del sabio consejo que sólo se puede construir entre todos. Pues nadie sabe todo, ¡sólo entre todos sabemos todo!